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Europa ante el reto de construir un marco regulatorio para el hidrógeno

2 de septiembre de 2026

El despliegue de la economía del hidrógeno en Europa necesita una estrategia de inversión sostenida y un marco regulatorio capaz de materializar las decisiones finales de inversión.

A pocos meses de cerrar el año, el sector afronta un calendario normativo denso: la transposición de la Directiva de hidrógeno y gases descarbonizados a los marcos nacionales, la revisión de los actos delegados de RFNBO, la nueva Estrategia Europea del Hidrógeno, el futuro del Banco Europeo del Hidrógeno y el marco post-2030 de la Directiva de Energías Renovables.

De cómo se resuelvan estos frentes dependerá la competitividad industrial y la autonomía energética del continente.

– Luis Iglesias, director de Desarrollo de Negocio y Operaciones de Hidrógeno en Enagás Renovable

La transición energética ya no responde únicamente a una necesidad en materia de sostenibilidad. Avanzar hacia una menor dependencia de los combustibles fósiles mejorará nuestra balanza comercial, la competitividad industrial y nuestra autonomía energética y estratégica, sin la volatilidad de precios que generan las tensiones geopolíticas.

Pero esta transición se suele trazar desde ambiciosas directivas teóricas y altos compromisos climáticos, aunque la verdadera descarbonización, la que asegura la supervivencia económica y crea cadenas de valor tecnológicas, ocurre cuando hay avances regulatorios y estabilidad normativa que permitan a los proyectos renovables materializarse y suministrar energía limpia y competitiva a la industria.

A nivel europeo, el primer frente, y el más inmediato, es la revisión de los actos delegados de RFNBO, que continúa pendiente de publicación y se espera para los próximos meses. La Comisión ha adelantado su calendario para revisar los criterios de adicionalidad y correlación horaria, dos de las exigencias que más han encarecido y ralentizado los proyectos de hidrógeno renovable. Aplazar su entrada en vigor plena hasta el próximo lustro podría reducir el coste de producción y facilitar la contratación industrial. Es un ajuste técnico, no una renuncia a la ambición, y su publicación y posterior escrutinio del Consejo y el Parlamento serán determinantes para dar certidumbre a los proyectos que buscan alcanzar su decisión final de inversión.

En paralelo, la Comisión prepara la revisión de la Estrategia Europea del Hidrógeno, la primera actualización de fondo desde 2020, que se espera coincida con la propuesta legislativa que dará continuidad a la Directiva de Energías Renovables más allá de 2030. El reto de esta nueva RED IV no es tanto sustituir objetivos como mantener una ambición sostenida por el hidrógeno renovable que dé visibilidad de mercado a largo plazo, en la línea de lo que ya están haciendo países como Alemania y España, que han extendido sus objetivos de RFNBO en transporte hasta 2040. El marco podría evolucionar hacia una arquitectura algo más flexible en el ámbito industrial, en la que convivan el hidrógeno renovable y otras moléculas bajas en carbono, pero mantener y ampliar los sub-objetivos de RFNBO en transporte será clave para aportar a los proyectos la previsibilidad regulatoria que necesitan para invertir a largo plazo.

Junto a ello, la propia Estrategia deberá aportar por fin una visión de continuidad para el Banco Europeo del Hidrógeno, que hasta ahora ha ido anunciando sus convocatorias año a año sin una hoja de ruta a largo plazo. El borrador de la cuarta convocatoria ajusta el presupuesto a 500 millones de euros, frente a los 1.300 millones de la anterior, lo que introduce incertidumbre y una señal de menor ambición justo cuando el sector demanda una apuesta firme por la escalabilidad. Dotar al Banco de financiación plurianual será tan importante como el propio volumen de fondos: resultaría paradójico frenar el apoyo institucional ahora, cuando los grandes proyectos ya son maduros y los valles industriales están listos para absorber la producción local.

A este marco de objetivos y financiación se suma un tercer elemento crítico: la planificación técnica y regulatoria de la red troncal que ha de conectar producción y demanda. Sin una red que conecte eficientemente los puntos de generación óptima con los polos de gran consumo, la competitividad del hidrógeno quedará limitada y se generarán cuellos de botella geográficos. La transposición al marco legal nacional de la Directiva de hidrógeno y gases descarbonizados, , es clave para la creación de un sistema de hidrógeno en España y el desarrollo de sus infraestructuras. Ese marco legal incluirá las bases de su planificación y del marco retributivo y de peajes por el acceso a las mismas, otorgando la necesaria certidumbre para afrontar las decisiones sobre su despliegue que deben consolidarse en los próximos meses, en coherencia con el nuevo marco post-2030, para no paralizar el mercado.

Finalmente, el desafío se intensifica en los sectores más difíciles de descarbonizar, como la industria pesada y la agroquímica. Los fertilizantes ilustran esta complejidad: la producción de amoníaco depende del gas natural, tiene márgenes muy estrechos frente a la competencia internacional y carece de flexibilidad para absorber sobrecostes energéticos. Por ello, sigue siendo prioritario publicar el diseño definitivo de los Contratos por Diferencias (CfDs), cuya urgencia ya no responde solo a los objetivos climáticos, sino también al impacto geopolítico de la crisis energética. Lejos de ser subvenciones a fondo perdido, actúan como garantías de estabilidad que cierran la brecha de costes entre el hidrógeno renovable y sus alternativas convencionales, y serán el detonante que la industria necesita para firmar contratos a largo plazo y evitar la deslocalización.

En España, este mecanismo debería articularse a través de la Sección B del Fondo para el Impulso de la Descarbonización Industrial (FIDI), creado por el Real Decreto-ley 7/2026, de 20 de marzo, de Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio. Esta sección, orientada a los sectores industriales intensivos en energía, se instrumentará mediante contratos por diferencia de carbono, para compensar la brecha entre el coste de las tecnologías descarbonizadas y la señal de precio del carbono y la energía. El real decreto que lo desarrollará está pendiente de aprobación, tras superar recientemente la consulta pública previa.

Sin mecanismos de apoyo estables, la industria europea corre el riesgo de perder competitividad frente a importaciones de mercados con menores exigencias regulatorias, comprometiendo nuestra autonomía estratégica y alimentaria.

Europa tiene ante sí, en apenas unos meses, la oportunidad no solo de recomponer, sino de dotar de certidumbre a largo plazo al marco regulatorio del hidrógeno: unos actos delegados que permitan abaratar la producción, una Estrategia y una RED IV que mantengan una ambición sostenida por el hidrógeno renovable y den visibilidad de mercado a largo plazo, un Banco del Hidrógeno con visión plurianual y una red troncal que conecte oferta y demanda.

Tenemos los proyectos y la capacidad tecnológica; ahora necesitamos que este nuevo marco convierta ese potencial en demanda, contratos e inversión.